Los germinados (moyashi en japonés) son semillas que, como su propio nombre indica, se hacen germinar para que sirvan como alimento o para ser utilizadas para la siembra. En la antigua China y en Oriente se conocen y usan desde hace más de 5.000 años.

El germinar semillas es sencillo y conlleva un coste muy bajo del que se obtiene una increíble fuente natural de vitaminas, minerales, enzimas y oligoelementos. Esto los convierte en alimentos completos que pueden ayudarte a corregir cualquier carencia en tu alimentación y a mejorar tu salud.

Su contenido nutricional es equiparable al de las frutas y verduras, llegando a superarlas en riqueza y en clorofila (importantísima para tu organismo por ser revitalizante, antitóxica y ayudarte a prevenir y tratar anemias).

 Cualquier semilla de leguminosa o grano de cereal puede ser germinada, aunque unas tienen un sabor o textura más agradable y asimilable que otras.

Las más consumidas son las de legumbres, cereales y las de berro, calabaza, girasol, mostaza o sésamo, entre otras que te enumeraremos más abajo.

semillas germinadas

Pero primero vamos a hablarte del proceso de germinación en sí y de por qué cada una de ellas es tan beneficiosa para ti.

Allá vamos.

¿Cómo germinar semillas?

Existen muchísimos métodos de germinación de semillas, pero todos ellos tienen como base el agua, la luz y el aire. Además, siempre vas a necesitar un frasco de vidrio de boca ancha y un par de elementos sencillos que todo el mundo suele tener por casa.

Uno de los procedimientos que puedes seguir es el siguiente (con sus respectivos materiales):

  1.      Mete las semillas (preferiblemente ecológicas) en el tarro de cristal o germinador de semillas en caso que lo tuvieras.
    como germinar semillas
  2.     Llena el tarro de agua (potable o filtrada) hasta la mitad y mantenla durante un día en un lugar alejado de la luz directa del sol cuya temperatura no supere los 20º.
  3.    Pasado ese día, tienes que deshacerte del agua. Para ello puedes tapar la boca del tarro con un colador y girarlo de forma que vacíes el líquido sin derramar las semillas.
  4.   A continuación, vuelve a rellenar el tarro de agua y déjalo reposar como la primera vez, un día.
  5.     Al día siguiente tendrás que vaciar completamente el agua y dejar reposar las semillas escurridas. Para que no queden amontonadas en el fondo del tarro, muévelo un poco. Se recomienda dejarlo reposar en horizontal, así los brotes crecerán cómodamente. Para ello, cubre la boca del tarro con un trozo de tela de mosquitera o tul fijado al borde con una gomilla. Así evitarás que el contenido se salga del tarro.
  6.     Cuando veas que el tamaño de los brotes es el adecuado y quieras frenar el proceso, solo tienes que meter el frasco en la nevera.

El proceso y el tiempo pueden variar dependiendo de la semilla concreta que quieras germinar y el cuidado que le des.

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 Ten en cuenta que se trata de un organismo vivo, por lo que se recomienda que estés pendiente en todo momento y así podrás atender a sus necesidades y cubrirlas obteniendo el mejor resultado.

Sus propiedades terapéuticas.

Todos los germinados, independientemente de cuáles sean sus propiedades nutricionales particulares, ayudan a tu organismo nutriéndolo, favoreciendo el metabolismo y ayudándote a prevenir enfermedades. Además de ser los alimentos menos contaminados y más vivos que podrás encontrar.

  • Fortalecen el sistema inmunitario.
  • Tonifican el sistema nervioso.
  • Son antioxidantes.
  • Estimulan la secreción del páncreas.
  • Facilitan la digestión y fortalecen la flora intestinal, lo cual los hace muy adecuados para personas de estómago delicado. También sirven para aliviar el estreñimiento.
  • Reducen el índice de colesterol.
  • Favorecen cualquier proceso de desintoxicación y depuración.

¿Qué aportan a tu organismo?

A continuación te ofrecemos una completa lista de los germinados más consumidos con los beneficios que cada uno de ellos puede traerte: vitaminas, minerales, enximas, oligoelementos, etc.

  •  Alfalfa: de sabor muy agradable, contiene vitaminas A, B, C, E y K , calcio, magnesio, potasio, hierro, selenio,  zinc y los aminoácidos más importantes. Es remineralizante y te ayuda a combatir la fatiga y la debilidad.
  • Arroz integral: es rico en vitamina B, fósforo, potasio, magnesio, sodio, calcio y silicio. Ayuda a la adecuada conservación de tus huesos y dientes.
  • Avena: es la más recomendable para trastornos nerviosos, depresiones y alteraciones del sueño. Contiene vitaminas B y E, proteínas, carbohidratos, fibra , minerales y silicio, necesario para el desarrollo de las estructuras musculares, cerebrales y nerviosas.
  •  Berro: es muy adecuado para combatir los síntomas de la fatiga primaveral. Alcaliniza y depura la sangre, neutraliza el exceso de toxinas y regula el metabolismo. Es rico en hierro, fósforo, manganeso, cobre, zinc, yodo, calcio y vitaminas A, B2, E y C.
  • Garbanzos: son ricos en carbohidratos, fibra, calcio, proteínas, magnesio, potasio y vitaminas A y C. No producen gases durante la digestión.
  • Lentejas: retrasan el envejecimiento y son ricas en proteínas, vitamina C y hierro.
  • Maíz:  con alto contenido en magnesio, necesario para conservar la tensión muscular especialmente en el tracto intestinal.
  • Mostaza: adecuado para tratar trastornos digestivos como la gastritis. Rico en vitamina C, proteínas y lípidos.
  • Porotos Mung: ricos en vitaminas A, C, y complejo B.
  • Semillas de calabaza: contienen proteínas, vitamina E, fósforo, hierro y zinc.
  • Semillas de girasol: ricas en proteínas, grasas insaturadas, vitaminas B y E, calcio, hierro, fósforo, potasio y magnesio.
  •  Rabanito: contiene abundante clorofila, útil para combatir digestiones pesadas y para calmar la tos.
  •  Sésamo: excelente fuente de fibra, proteínas, vitaminas B y E, magnesio, potasio, hierro, fósforo y calcio.
  • Soja verde: contiene proteínas que dan lugar al aminoácido metionina, de efecto relajante. Fortalece el sistema nervioso y contribuye a rebajar el exceso de colesterol. Rico en vitaminas A, C, hierro y potasio.
  • Trigo: rico en proteínas, magnesio, fósforo y vitaminas B y E. Previene infecciones, remineraliza, regenera las células y sirve para tratar trastornos nerviosos.
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¿Cómo consumir germinados?

Se puede ingerir el brote entero, incluyendo las raíces y sus hojas. Su preparación es muy sencilla y se recomienda consumirlos en crudo porque la cocción destruiría la mayoría de su contenido nutricional.

Son ingredientes perfectos para ensaladas, salteados o woks, gazpachos, tortillas o sopas. Y, si los añades al final de proceso, conservarán todas y cada una de sus propiedades.

¿Te atreves?

Ahora que sabes que los germinados son un producto vivo no adulterado ni rociado con fertilizantes o insecticidas químicos, barato y del cual puedes disponer en cualquier época del año con la seguridad de que sus nutrientes son de altísima calidad y muy beneficiosos para tu salud, ¿te atreves a germinarlos en casa y añadirlos a tu dieta? Cuéntanos.